Y entre tanto y tanto trato de no pensar en eso. Aunque es algo de los que no puedo deshacerme ya que me encuentro en una encrucijada social debo de hacerlo.
Ya es innato en mi, el maquinar pensamientos de los cuales cambio a cada momento. A veces unos, a veces otros.
Sé que es algo natural del ser humano, pero no logro aceptarlo y menos estando tan lejos de algo que no sé que es.
Se comenta por ahí que el querer las cosas que uno no sabe cuáles son y quererlas ahora provoca una sensación de vacío tan grande confusa entre lo real y lo imaginario. Único, irreal, lejano.
No podría describirlo con palabras y menos explayarlas sobre tinta para ser leídas. Lo que si me queda claro es la confusión espiritual que provoca y lo extraño que uno se siente en esta situación.
Es más, en relativas situaciones ni yo entiendo de lo que estoy hablando, y veo, siento extrañas miradas de desconcierto y temor hacia mi persona
Por las miles de excentricidades que fluyen de mi cabeza.
Estaré quedando realmente o imaginaria mente fuera de un contexto al cual pertenezco y no quiero? O simplemente la vejez ataca directamente mis células ya muertas de mi cerebro?
No lo se.
Y tampoco me interesa averiguarlo.
Los pensamientos brotan. Las ideas fluyen. Las observo. Me acompañan. Las sigo. Las dejo ir. Las plasmo. Aquí.
martes, agosto 19, 2008
jueves, marzo 06, 2008
Montevideo alma madre.
Hurgando entre los respaldos de cantidades ilimitadas de fotos que arrinconan cada recuerdo de mi vida dentro de la ciudad que me vio nacer, soñar, vivir y emigrar.
Dentro de las mismas surgen pensamientos extraños.
Aquellas palabras que repetía una y otra vez reflotan en mi cabeza. Cada vez que recibía esas llamadas desde el exterior y que esas almas hermanas se fueron algún día de su querido país para buscar un futuro mejor, yo repetía que era lo que podían extrañar, que era lo que los unía a esta tierra que les había dado la espalda y dejado ir así sin más.
Los que volvieron fueron cuestionados por mi equivoca experiencia nómade.
Los que iban y venia fueron igualmente cuestionadas ya que el dinero se les iba de las manos al realizar tantos kilómetros para volver a pisar suelo uruguayo.
Pero ahora es diferente.
Ahora entiendo.
Ahora estoy del otro lado.
Experimentando.
Sufriendo
Y extrañando.
No solo a los que amo y que sabía desde un principio que iba a necesitar de ellos. Sino aquello también que pensaba que sería incapaz de extrañar. Las calles. La gente. Las paredes grises de un Montevideo melancólico y triste. El olor a humedad del mar. El aroma a ciudad capital.
El sentirme como en casa.
Y eso es lo que más extraño.
Uno se sitúa en un extraño territorio que por mas hermoso que pueda llegar a ser, necesita alma de hogar, y eso fue lo que se quedo allá.-.
Este no es mi hogar.
Esta no es mi casa.
Montevideo se quedo con mi alma.
Montevideo se quedo con mi vida y con mi corazón.
Recuerdo cada semilla que ha crecido dentro de mi del porque me he ido de mi tierra. Pero cada día siento que necesito volver aunque sea para mirar, oler y sentir que pertenezco ahí.
Es un sentimiento un poco extraño el saber que no quiero volver a vivir en el territorio que me vio ir sin tratar de retenerme, pero, tampoco me siento completo estando lejos de ella y viendo como no soy parte de esta tierra.
Ser emigrante.
Ser forastero.
Debo de pensar con el alma y con el corazón.
Saber con certeza que no estoy solo esparcido por el mundo y que cada corazón errante que conversa conmigo siente y experimenta la misma sensación de vacío en el corazón. Sin decir alma porque ella se ha quedado allá.-
En Montevideo.
Dentro de las mismas surgen pensamientos extraños.
Aquellas palabras que repetía una y otra vez reflotan en mi cabeza. Cada vez que recibía esas llamadas desde el exterior y que esas almas hermanas se fueron algún día de su querido país para buscar un futuro mejor, yo repetía que era lo que podían extrañar, que era lo que los unía a esta tierra que les había dado la espalda y dejado ir así sin más.
Los que volvieron fueron cuestionados por mi equivoca experiencia nómade.
Los que iban y venia fueron igualmente cuestionadas ya que el dinero se les iba de las manos al realizar tantos kilómetros para volver a pisar suelo uruguayo.
Pero ahora es diferente.
Ahora entiendo.
Ahora estoy del otro lado.
Experimentando.
Sufriendo
Y extrañando.
No solo a los que amo y que sabía desde un principio que iba a necesitar de ellos. Sino aquello también que pensaba que sería incapaz de extrañar. Las calles. La gente. Las paredes grises de un Montevideo melancólico y triste. El olor a humedad del mar. El aroma a ciudad capital.
El sentirme como en casa.
Y eso es lo que más extraño.
Uno se sitúa en un extraño territorio que por mas hermoso que pueda llegar a ser, necesita alma de hogar, y eso fue lo que se quedo allá.-.
Este no es mi hogar.
Esta no es mi casa.
Montevideo se quedo con mi alma.
Montevideo se quedo con mi vida y con mi corazón.
Recuerdo cada semilla que ha crecido dentro de mi del porque me he ido de mi tierra. Pero cada día siento que necesito volver aunque sea para mirar, oler y sentir que pertenezco ahí.
Es un sentimiento un poco extraño el saber que no quiero volver a vivir en el territorio que me vio ir sin tratar de retenerme, pero, tampoco me siento completo estando lejos de ella y viendo como no soy parte de esta tierra.
Ser emigrante.
Ser forastero.
Debo de pensar con el alma y con el corazón.
Saber con certeza que no estoy solo esparcido por el mundo y que cada corazón errante que conversa conmigo siente y experimenta la misma sensación de vacío en el corazón. Sin decir alma porque ella se ha quedado allá.-
En Montevideo.
Tercermundismo Nomade y Erránte.-
Nuestro tercermundismo pone sin lugar a dudas en tela de juicio actitudes y desenfrenos cotidianos alienados, conjuntamente con un factor geopolítico del alma. Nos vemos obligados, día a día a continuar siendo ganado.
Un gran rebaño que sigue a una utopía eterna y etérea, sigue hacia el frente con el fin de llegar. Nosotros nuestra joven historia ya de anécdotas viejas. Tierra aún húmeda de colonización, viendo el progreso fuera de límites conservacionistas de un tiempo posmoderno y artificial. Isla de soledades, democráticas, sureñas e ideológicas. Capitalistas en aún espera de una luz en la eterna a oscuridad.
Fuimos, somos y seremos lo que seguimos ser; a quién y en donde, lo decidiremos tanto y cuanto nos coloquen la bendita zanahoria por delante de nuestras narices.
Humanamente existe la posibilidad de la solución; la aparición y ejecución del click mental. De ahí en más la musculatura cerebral y emocional deberá saltear años de progreso para establecerse en un punto crítico para adecuarse a estar en el hoyo.
En continuidad integrable a la cual atenernos es meramente hipotético e irracional. El llegar a ella implicaría dejar de lado actitudes, modos, vidas, pensamientos, optimismos, salvajismos, tercermundismos y por sobre todas las cosas, dejar de lado nuestra viva indiosincracia individual y colectiva de lado. Sacarnos las piedras mas socialmente pesadas de nuestra mochila y arrojarlas al fondo del rio, y cuando ese peso social haya desaparecido, sentiremos nubes bajo nuestros pies. Comenzaremos de una vez por todas a caminar erguidos por el mundo homosapienizados por una actitud netamente social y colectiva.
Guiados por sentimientos encontrados de un pasado presente y un presente emergente en nosotros cada uno. Sin la venda en nuestros ojos, podremos ver el camino sin tropezarnos ni caer en abismos sociales altruistas e hipócritas. Sueños al fin libres de pensamientos. Libres al fin de actitudes, rectitudes y similitudes. Pasaremos la alienación pasada a una autovaloración presente.
Sentenciaremos nuestros antaño pensamientos y condenaremos presentes aciertos con el fin de provocar dentro nuestro, futuras reacciones posmodernas utópicamente correctas y perdidas en nuestro subconsciente civilizado pero oculto por el ego salvaje e inmoral de nuestro antiguo ser. Dejaremos el mono cromatismo eterno de nuestra ciudad para comenzar a dislumbrar tantas gamas como la retina y el alma soporten. Observaremos el camino sin rencor y sin olvido, pidiendo a gritos la expansión de nuestras mentes, y así será. Eterna y fugaz.
Corregiblemente perspicaz.
Llena de energía y juventud.
Siguiendo el alcanzable camino de vivir.
En una media luz simbiótica y eterna.
Errática y placentera.
Humilde y plástica.
Es hora de la siesta.-
Un gran rebaño que sigue a una utopía eterna y etérea, sigue hacia el frente con el fin de llegar. Nosotros nuestra joven historia ya de anécdotas viejas. Tierra aún húmeda de colonización, viendo el progreso fuera de límites conservacionistas de un tiempo posmoderno y artificial. Isla de soledades, democráticas, sureñas e ideológicas. Capitalistas en aún espera de una luz en la eterna a oscuridad.
Fuimos, somos y seremos lo que seguimos ser; a quién y en donde, lo decidiremos tanto y cuanto nos coloquen la bendita zanahoria por delante de nuestras narices.
Humanamente existe la posibilidad de la solución; la aparición y ejecución del click mental. De ahí en más la musculatura cerebral y emocional deberá saltear años de progreso para establecerse en un punto crítico para adecuarse a estar en el hoyo.
En continuidad integrable a la cual atenernos es meramente hipotético e irracional. El llegar a ella implicaría dejar de lado actitudes, modos, vidas, pensamientos, optimismos, salvajismos, tercermundismos y por sobre todas las cosas, dejar de lado nuestra viva indiosincracia individual y colectiva de lado. Sacarnos las piedras mas socialmente pesadas de nuestra mochila y arrojarlas al fondo del rio, y cuando ese peso social haya desaparecido, sentiremos nubes bajo nuestros pies. Comenzaremos de una vez por todas a caminar erguidos por el mundo homosapienizados por una actitud netamente social y colectiva.
Guiados por sentimientos encontrados de un pasado presente y un presente emergente en nosotros cada uno. Sin la venda en nuestros ojos, podremos ver el camino sin tropezarnos ni caer en abismos sociales altruistas e hipócritas. Sueños al fin libres de pensamientos. Libres al fin de actitudes, rectitudes y similitudes. Pasaremos la alienación pasada a una autovaloración presente.
Sentenciaremos nuestros antaño pensamientos y condenaremos presentes aciertos con el fin de provocar dentro nuestro, futuras reacciones posmodernas utópicamente correctas y perdidas en nuestro subconsciente civilizado pero oculto por el ego salvaje e inmoral de nuestro antiguo ser. Dejaremos el mono cromatismo eterno de nuestra ciudad para comenzar a dislumbrar tantas gamas como la retina y el alma soporten. Observaremos el camino sin rencor y sin olvido, pidiendo a gritos la expansión de nuestras mentes, y así será. Eterna y fugaz.
Corregiblemente perspicaz.
Llena de energía y juventud.
Siguiendo el alcanzable camino de vivir.
En una media luz simbiótica y eterna.
Errática y placentera.
Humilde y plástica.
Es hora de la siesta.-
miércoles, enero 09, 2008
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