Hurgando entre los respaldos de cantidades ilimitadas de fotos que arrinconan cada recuerdo de mi vida dentro de la ciudad que me vio nacer, soñar, vivir y emigrar.
Dentro de las mismas surgen pensamientos extraños.
Aquellas palabras que repetía una y otra vez reflotan en mi cabeza. Cada vez que recibía esas llamadas desde el exterior y que esas almas hermanas se fueron algún día de su querido país para buscar un futuro mejor, yo repetía que era lo que podían extrañar, que era lo que los unía a esta tierra que les había dado la espalda y dejado ir así sin más.
Los que volvieron fueron cuestionados por mi equivoca experiencia nómade.
Los que iban y venia fueron igualmente cuestionadas ya que el dinero se les iba de las manos al realizar tantos kilómetros para volver a pisar suelo uruguayo.
Pero ahora es diferente.
Ahora entiendo.
Ahora estoy del otro lado.
Experimentando.
Sufriendo
Y extrañando.
No solo a los que amo y que sabía desde un principio que iba a necesitar de ellos. Sino aquello también que pensaba que sería incapaz de extrañar. Las calles. La gente. Las paredes grises de un Montevideo melancólico y triste. El olor a humedad del mar. El aroma a ciudad capital.
El sentirme como en casa.
Y eso es lo que más extraño.
Uno se sitúa en un extraño territorio que por mas hermoso que pueda llegar a ser, necesita alma de hogar, y eso fue lo que se quedo allá.-.
Este no es mi hogar.
Esta no es mi casa.
Montevideo se quedo con mi alma.
Montevideo se quedo con mi vida y con mi corazón.
Recuerdo cada semilla que ha crecido dentro de mi del porque me he ido de mi tierra. Pero cada día siento que necesito volver aunque sea para mirar, oler y sentir que pertenezco ahí.
Es un sentimiento un poco extraño el saber que no quiero volver a vivir en el territorio que me vio ir sin tratar de retenerme, pero, tampoco me siento completo estando lejos de ella y viendo como no soy parte de esta tierra.
Ser emigrante.
Ser forastero.
Debo de pensar con el alma y con el corazón.
Saber con certeza que no estoy solo esparcido por el mundo y que cada corazón errante que conversa conmigo siente y experimenta la misma sensación de vacío en el corazón. Sin decir alma porque ella se ha quedado allá.-
En Montevideo.
Dentro de las mismas surgen pensamientos extraños.
Aquellas palabras que repetía una y otra vez reflotan en mi cabeza. Cada vez que recibía esas llamadas desde el exterior y que esas almas hermanas se fueron algún día de su querido país para buscar un futuro mejor, yo repetía que era lo que podían extrañar, que era lo que los unía a esta tierra que les había dado la espalda y dejado ir así sin más.
Los que volvieron fueron cuestionados por mi equivoca experiencia nómade.
Los que iban y venia fueron igualmente cuestionadas ya que el dinero se les iba de las manos al realizar tantos kilómetros para volver a pisar suelo uruguayo.
Pero ahora es diferente.
Ahora entiendo.
Ahora estoy del otro lado.
Experimentando.
Sufriendo
Y extrañando.
No solo a los que amo y que sabía desde un principio que iba a necesitar de ellos. Sino aquello también que pensaba que sería incapaz de extrañar. Las calles. La gente. Las paredes grises de un Montevideo melancólico y triste. El olor a humedad del mar. El aroma a ciudad capital.
El sentirme como en casa.
Y eso es lo que más extraño.
Uno se sitúa en un extraño territorio que por mas hermoso que pueda llegar a ser, necesita alma de hogar, y eso fue lo que se quedo allá.-.
Este no es mi hogar.
Esta no es mi casa.
Montevideo se quedo con mi alma.
Montevideo se quedo con mi vida y con mi corazón.
Recuerdo cada semilla que ha crecido dentro de mi del porque me he ido de mi tierra. Pero cada día siento que necesito volver aunque sea para mirar, oler y sentir que pertenezco ahí.
Es un sentimiento un poco extraño el saber que no quiero volver a vivir en el territorio que me vio ir sin tratar de retenerme, pero, tampoco me siento completo estando lejos de ella y viendo como no soy parte de esta tierra.
Ser emigrante.
Ser forastero.
Debo de pensar con el alma y con el corazón.
Saber con certeza que no estoy solo esparcido por el mundo y que cada corazón errante que conversa conmigo siente y experimenta la misma sensación de vacío en el corazón. Sin decir alma porque ella se ha quedado allá.-
En Montevideo.