He sabido correr hasta quedar exhausto y parar a la
distancia, esperando, sin mirar atrás.
He sabido detenerme en el camino, observando el mundo girar a mi alrededor sin
detenerse a mirarme.
He sabido caer, dándome contra el duro asfalto y seguir,
sangrando hasta mis pies.
He sabido ver la llegada tan lejos como el horizonte utópico.
He sabido perseguirte hasta alcanzarte y dormir en paz bajo
la sombra de un sauce a orillas de tus hermosas curvas.
Y ahí, entre tus dulce pechos, soñar con la llegada.